Muchas empresas que necesitan ayuda con la gestión y distribución de su stock se muestran reticentes a contratar los servicios de un operador al no saber con exactitud qué es un almacén logístico.

Un almacén en su definición más básica es espacio o edificio en el que se puede guardar la mercancía, pero la definición de almacén ha ido variando a lo largo del tiempo y su contenido se ha vuelto más complejo a medida que se han incrementado los servicios que se ofrecen en este tipo de espacios.

Hoy en día un almacén logístico puede entenderse como una unidad que presta soporte y servicio a una entidad comercial o industrial a través del desarrollo de actividades relativas al almacenaje y resguardo de la mercancía, el control del stock y el abastecimiento de materiales y productos a los clientes de esa entidad comercial o industrial.

El almacén es por tanto un conjunto de elementos y recursos materiales y humanos que generan un valor agregado para las entidades comerciales o industriales que usan sus servicios.

Al existir diferentes tipos de necesidades entre las entidades que necesitan los servicios de almacenaje, también existen diferentes tipos de almacenes, pero en todos ellos se desarrollan una serie de servicios comunes como la recepción de materiales, el mantenimiento de las mercancías, control de inventarios y contabilidad, gestión del stock, preparación de pedidos y despacho de materiales.

La forma de llevar a cabo la gestión del almacén va a depender de las necesidades del cliente que almacena su mercancía, pero pueden destacarse objetivos comunes a todo tipo de empresas como agilizar las entregas, reducir los costes, maximizar el espacio y minimizar las operaciones de manipulación y transporte. Todo ello para obtener beneficios como una mejora en la calidad del producto, aumentar el nivel de satisfacción del cliente, optimizar los costes y reducir los tiempos de proceso.